Depresión

EL SÍNTOMA EL VERDADERO MAESTRO

Es muy interesante como en el ejercicio de mi actividad profesional, en las clases y en las sesiones terapéuticas que realizo, aparece de manera continuada y repetitiva la experiencia del síntoma como una sensación abrumadora, molesta, que se interfiere y nos crea un estado de gran incomodidad e incluso de sufrimiento.

En muchas ocasiones, decir, «si no fuese por esta lesión, por ese dolor, por esa molestia haría esto, aquello…iría aquí o allá»…..es decir, culpabilizamos al síntoma como la causa de nuestras limitaciones, perdiendo así responsabilidad y control sobre nuestra vida y circunstancias.

Desde Anatomia Viva y en mis clases, siempre intento transmitir al alumno que justamente el síntoma es el verdadero Maestro, es aquella llamada que nos obliga a llevar nuestra atención a nuestro mundo interno, a nuestra intimidad, cuando todo lo externo, lo social, continuamente nos arrastra a estar «atados y volcados» a lo exterior.

Todos los mensajes del exterior nos dan un rasante de cómo pertenecer al grupo exitoso o al grupo que posee más cualidades de triunfar o de disfrutar de una llamada Felicidad. Pero si nos paramos a observar un momento, vemos que esa felicidad pasa por denotar unas cualidades marcadas por un modelo sistematizado y generalizado…Así las mujeres que denotan esa felicidad promovida, han de poseer unos cánones físicos, estéticos que se cuantifican en peso y medidas corporales, los hombres han de detentar un tipo de vestimenta, automóviles y dinámica que reflejan el dinamismo propio exigido por esos cánones diseñados. Desde los medios de comunicación nos anuncian mil sustancias que nos protegen del cansancio, de dolores ocasionales, de molestias estacionales, de todas aquellas señales, que sin ser claramente una enfermedad, nos hacen estar diferentes, nos hacen sentir altos y bajos en nuestra energía, constancia, actividad y talante.

Esas sustancias nos invitan a olvidar que la naturaleza y todo el Universo se asienta en el continuo cambio, en el continuo desequilibrio que abre una puerta a una renovación de la alegría y la libido por la Vida.

 

Por lo tanto, si ahogamos el síntoma, la molestia, el dolor que nos atenaza de vez en cuando, la fatiga que asoma por momentos, ¿cómo vamos a escuchar la llamada de nuestro organismo que nos está avisando fielmente y sabiamente de que algo no nos hace bien?. Comprendiendo que nuestro cuerpo físico posee mecanismos para darnos avisos de necesidades que hay que atender como el hambre, el frío, la necesidad de ingerir líquidos, el defecar….y que no dudamos de su mensaje y actuamos generalmente en consecuencia, ¿para qué vamos a obviar mensajes más sutiles que nos piden más perspicacia para comprenderlos, pero que siguen siendo absolutamente mensajes que afloran como eco de una necesidad más profunda que desea ser satisfecha?

¿Qué sentido tiene no escuchar el dolor que emerge, la tensión, el cansancio y otros síntomas más sutiles cuándo con toda seguridad nos están indicando algo muy sencillo que necesitamos?¿No has pensado que esos síntomas son como pistas o semáforos que nos dicen que nos estamos excediendo en algo?¿No es una sensación muy útil y clara cuando nos hacemos amigos de ella?

Es muy curioso el constatar que aquellas personas que han sufrido una enfermedad grave, recibiendo tratamientos agresivos y con convalecencias y recuperaciones largas y penosas, como desarrollan a posteriori una fina escucha a esas señales que les llegan de su cuerpo. Desarrollan una fina escucha a esos síntomas y suelen actuar con extremada mesura y cuidado, pues generalmente han aprendido de manera muy cruenta que el no escuchar esas señales desencadenan consecuencias de muy difícil tránsito y de vulnerabilidad extrema.

Muchas de esas personas que han vivido ese tipo de experiencia intensa de salud suelen verbalizar…si volviese a atrás hubiese vivido más tranquilamente o me hubiese tomado las cosas de otra manera o hubiese descansado más o me hubiese exigido menos.

El cuerpo no miente. El síntoma es la vía de acceso a la información que como un regalo desea ser desenvuelta.

Te invito a observar tus síntomas no como tus enemigos, sino como esos Maestros o esos Mensajeros que te llevan de vuelta para enfocarte en aquello necesario para sentirte más feliz, más saludable y expansivo. Los síntomas entonces se transforman en simples códigos de conducta: fatiga-necesito descansar; dolor de cabeza-demasiadas preocupaciones, excesivo control, necesito descansar; dolor lumbar-no me protejo del frío, no me alimento bien, vida sexual insatisfactoria….y un largo listado de concordancias, que si te observas y un poquito haces introspección, te puede ayudar a conocer mejor esas necesidades que has de aprender a satisfacer.

Aprender a escuchar tus síntomas, estos Maestros y Mensajeros, te transfieren el verdadero Poder, tu real capacidad de hacerte Responsable de tu Salud y Felicidad. Esa es la verdadera Salud. La auténtica vía de la Felicidad.

Te invito a escucharte, para que así esa llamada no sea finalmente un grito implacable, materializado en la Enfermedad manifiesta e ineludible.

Karina Vizcaíno Peinado

 

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